Borges, Del rigor en la ciencia
Oruga
Ficción Foxiana
La ficción referenciada, en su presentación de cita capciosa o mentira literaria con licencia, no es un invento de los escritores postmodernistas, como Saer, Bolaños o Piglia, vamos ni siquiera del verdadero Jorge Luis Borges (o será José Luis Borgues, ya ni sé), autor del autor de una novela ajena. No señores es invento, si no de origen , si de perfección de nuestro connotado y campechano exmandatario, el mejor humorista que ha habido en México y un genio para las falsas referencias con truco: Vicente Fox. Si no miren esta perla, de una de sus conferencias en los Angeles en enero de 2007:
"América Latina debe huir de la ‘dictadura perfecta’, como lo dijo el premio Nobel colombiano de Literatura Mario Vargas Llosa"
Estoy seguro que de esta creación saldrán muchas tesis doctorales…
No habrá naufragios
No habrá naufragios Liviana en tu sofá
cuando descansas,
una barca recostada
en las olas bondadosas,
te lleva el viento sin preguntas
lejos del dolor y los recuerdos.
y yo, que estoy perdido
marinero de palabras
que ya no quiere rumbo,
deseando el horizonte
me oriento por tus ojos
en el fondo de la noche
y en la confiada deriva que nos mueve
esperamos atracar en nuevos puertos
cualquier nombre
cualquier cielo
cualquier lengua
van las velas plenas de esperanza
No haurà naufragis
Lleugera en el teu sofà
quan descanses,
una barca recolzada
en les ones benèvoles
et duu el vent sense preguntes
lluny del dolor i els records.
i jo, que estic perdut
mariner de paraules
que ja no vol rumb,
desitjant l’horitzó
m’oriento pels teus ulls
en el fons de la nit
i en la confiada deriva que ens mou
esperem atracar en nous ports
qualsevol nom
qualsevol cel
qualsevol llengua
van les veles plenes d’esperança
© Gabriel Rovira, diciembre 2006.
Señor de la duda
Acepto que nunca me he considerado "la verdad" , que no me considero un ejemplo de nada y que mi método de vivir es algo improvisado y desatinado…
Discurso V
Sigue mi camino equivocado
Porque soy la penumbra
Y la incertidumbre de la vida
Y el que me sigue
Seguramente se equivoca
Pero no se engaña
Pues si yo juzgo
Mi juicio es dudoso
Y el que me niega
Me ve en su corazón
Con espanto
Y quiere volver a su jaula.
Soy el hijo del silencio
No conozco a mi padre
Y no voy a inventarlo.
este soy yo…
ROVIRA, Gabriel. Discurso del asombro. UABCS-Praxis, La Paz, B.C.S., 2001.
Sol impune
Sol impune
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
— Gracilazo, Égloga I
Impunemente el sol, sin más, salía
Otra vez por oriente esa mañana
Y un aroma de flor y hoja temprana
Lascivo y sin pudor se difundía
Y el cínico rubor de la persiana
Y las aves gritando su alegría…
¿Cómo se atreve a amanecer el día?
¿Cómo el sol a brillar en mi ventana?
No quebranta su costra alguna roca
Ni hay árbol que se incline a ver mi herida
Ni bestia que mi llanto vuelva loca.
Solo he de soportar toda la vida
El duelo que tu falta me provoca
Yo solo y sin el mundo que me olvida
ROVIRA, Gabriel. Discurso del asombro. UABCS-Praxis, La Paz, B.C.S., 2001.
Destino
Mielecita (con croisants)
MIELECITA
Con el ojo alineado a la mira temblorosa de su pistola, el hombre mayor vio palidecer al joven maestro de gimnasia y buscar apoyo en un banco de pesas.
— Padezco Hipoglucemia—confesó el joven…quién lo hubiera dicho, con ese cuerpo de escultura.
— Noté que salías con mi mujer porque ella cambió mucho, adelgazó, dejó de fumar, se arregla mejor, canta todo el día canciones que no le había escuchado, cocina mejor…
El joven atleta respiraba con dificultad.
—…ahora se siente más joven y más alegre, fue muy evidente, incluso en la cama, se ha vuelto una fiera, me exige mucho, inventa cosas nuevas, y siempre quiere hacer el amor… qué te voy a contar…
— Por favor no me mate—alcanzó a balbucir el joven, casi en el piso, a punto del coma.
— ¿Matarte?— el hombre mayor bajó la pistola mirando al otro con preocupación—No, si el fierro era para que tú no me golpearas a mi y me dejaras hablar…¿te puedo ayudar, tomas algo?
— La miel… por favor…allá está…
El hombre mayor acercó la cucharita con el dulce a la boca del desfallecido muchacho.
— En realidad quería conocerte y, bueno, agradecerte…mira: quiero que sigas con ella, ¿me entiendes?, no quiero que la dejes. Es más, te advierto que no debes hacerla enojar, ni causarle tristezas…si te atreves a dejarla plantada o a maltratarla, pues entonces sí tendría que meterte un plomazo ¿me entiendes?…—apoyaba lo que decía con la punta del arma en la oreja del joven.
— Si—balbuceo el profesor de gimnasia luchando con sus temblores—entiendo perfectamente…— el hombre mayor bajó el arma.
— Bien, por lo demás, puedes contar con mi silencio, y a ti ni se te ocurra andar alardeando por ahí, no vayas a hablar de esto con nadie, y no le cuentes a mi señora, ¿está claro? No le digas que te vine a ver…
— ¡Clarísimo!, haré lo que dice.
— Ah, y por ningún motivo vayas a ser infiel, entonces sí tendríamos que matarte y sería una lástima…
— Ni pensarlo—dijo el joven.
— Muy bien,… ¿más mielecita?
© Gabriel Rovira 2006, copyshare.
morir lentamente
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.»
Pablo Neruda