Lejos de ser una invitación a la temeridad, este poema es sólo un recordatorio para que lo verdaderamente importante de la vida no se olvide durante la cuarentena y no nos venza el miedo que nos ha invadido. Este poema quiere ser un llamado a la esperanza. Cuidense, pero no se olviden que antes que individuos, somos un nosotros:
Miedo
No tendré miedo de mis manos/ Capaces de crímenes atroces/ De monumentales excesos/ No les prohibiré su vocación de tocar/ De agarrar, de sentir/ Y no voy a temer la mano amiga /Y sus ocultas aventuras/ Porque no quiero perder la luz/ La breve tregua con la nada/ Sus dulces privilegios / De placer y dolor/ No voy a prohibirme los abrazos/ Las miradas cercanas, lo besos/ Y no voy a prohibirme el sol/ Ni el aire de los pájaros/ Ni el agua de los peces/ Donde pueda bullir/ El mínimo enemigo/ Porque siempre supe que la vida/ Burbujea por un instante/ En el océano de la muerte
La Paz, Baja California Sur (BCS). Gabriel Rovira (Ciudad de México, 1962) vuelve con un nuevo libro, esta vez de poesía, donde su voz madura logra envolvernos en cada palabra, que orgánicas se mueven a lo largo de los versos. Digo orgánicas porque son criaturas vivientes, hábitats donde viven las flores y los pájaros, cargados de las experiencias del poeta, que paso a paso muestra el recorrer del tiempo y las vicisitudes de la vida diaria, porque después de todo de eso se trata la poesía, un discurrir del instante por los días y los años.
En 2018 publicamos, gracias a la serie Cuadernos de la Serpiente, esta colección de cuentos breves. Espero que los disfruten. Si les interesa una copia impresa mándenme mensaje.
La tacita se movió sola. Finalmente, como si todo
lo aprendido con el costo de postergar el placer y la vida se conjugaran en un
punto supremo de la conciencia, el mago miró la pequeña tacita blanca y esta
tembló. Al principio fue apenas como cuando tiembla una hoja antes de caer,
casi nada, luego dio un giro sobresaltada y se elevó lentamente un centímetro
sobre la mesa, sin que nada la sostuviera y después un poco más hasta girar un
palmo por encima del mantel. En la penumbra se miraban, solos él y la tacita
blanca que flotaba en la suprema felicidad…
—Hace falta leche—gritó su mujer desde la cocina
–necesito que vayas a la tienda y traigas un litro…
La tacita tembló desvalida y cayó sobre la mesa
estallando en pequeñas astillas.
Meses después, en la complicidad de una madrugada,
tensa la sien por el esfuerzo, el mago intentaba sin rendirse conseguir el
milagro. Había perdido la cuenta de las veces que se había sentado a mirar la
tacita, sin lograr de ella nada más que su blanca indiferencia de objeto. Pero
esa noche el silencio llenaba todo de un augurio poderoso. Y cuando estaba a
punto de perder la fe por enésima vez, la tacita se movió. Lentamente se elevó
por el aire fresco y oscuro y giró con una alegría sin motivo. Era la pura
felicidad flotando en la nada…
—A qué hora piensas venir a la cama –gritó su
mujer desde el fondo de su alcoba.
La tacita se precipitó sobre la mesa y se rompió
sin remedio.
Finalmente, una noche fría entre cientos de
noches, la tacita flotó en el aire, redonda y decidida, mantuvo su blancura y
su amor por sobre todas las leyes naturales. El mago se esforzaba por mantener
el flujo sin que su cabeza estallara, estaba feliz, había conseguido el
milagro.
—Por favor, dime que me quieres… —su mujer lo
miraba desde la escalera, con una copa en la mano y el maquillaje corrido de llorar
—o tendré que matarme…
La tacita no lo soportó y cayó a su pequeño
abismo, a su blanca explosión.
Entonces el mago decidió intentar otro truco más
antiguo y más esforzado: desaparecer.
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el interpretador fue una revista digital argentina de literatura, arte y pensamiento que editó 38 números entre los años 2004 y 2011. En esta página se irán subiendo de manera aleatoria algunas de sus publicaciones más importantes. Además del buscador, sugerimos utilizar las etiquetas y categorías que figuran debajo de cada texto para una búsqueda más efectiva.