morir lentamente

 «Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

 

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.

 

Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

 

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.

 

Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días  quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

 

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

 

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.

 

Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.»

 

Pablo Neruda

el milímetro

el milímetro

 

odio la pérfida distancia

entre tus dedos y mis manos

el milímetro invencible

de tu hombro a mi brazo

odio el espacio que me aparta

de tus ojos indecisos

odio cada átomo del aire

entre tus labios y mi boca

odio cada hora sin tocarte

el tiempo que se come

la pulpa del futuro

que destruye la belleza

la hipotética alegría

odio el viento que circula

entre tu pecho y el mío

ese hueco sin caminos

al que llamas respeto

odio la razón indebatible

de tu miedo, mi control,

tu virtud y mi prudencia

odio en fin la persistencia

de este abismo hacia tu cuerpo

 

Gabriel Rovira, 2006, El libro…

Las dudas de Loth

 
Las dudas de Loth
 
 
 

¿Que dejaste en Sodoma,
oh estatua de sal,
qué secreta tribulación,
qué imperiosa nostalgia
te hizo voltear a la luz?
 
¿De qué modo he perdido tu mirada?

sueños de silicio

Estado disponible
 
para mi amiga Dulce
 
tenso el cobre
que entona los deseos
el aire vibra
el mundo flota
en un rio de luz
un verbo alcanza
las más profundas
fibras del planeta
las fibras ópticas
que encauzan
la luz de tus palabras
parece más fácil
escucharte con los ojos
leer tu imagen
y aveces tu voz
y siempre tu ausencia
para no  morir de olvido
hemos venido a compartir
soledades, lejanías
una sonrisa pintada
otras canciones
sueños de silicio

frio

Frío

 

 
hace frío
tengo que abrigar
mis pobres ilusiones
mis esperanzas

Discurso I

Discurso I
Minucioso y enorme el universo
Nos revela pequeños
Nada vemos en tanto respiramos
Mas cada voz es trazo
Del retrato que hacemos
En la aventura humana
Sorprendida evidencia de la vida
El orden en el cósmico desorden
O en la ignota estructura.
 
Pero mi voz aislada
Perdida en el murmullo del enjambre
Es otro laberinto sin sentido
Si no tiene contraste
En la ajena respuesta
 
Alguien dice las cosas
Siempre es alguien que dice
Y siempre para alguien
En una circunstancia
En la luz de un deseo
Alguien que participa  en la tertulia
En la que todo verbo
Es la causa y efecto de otros cantos.
 
Pero decir la flor
Y leer su mensaje
O el sentido total
De una sonrisa nueva
Como ahorrar la música en la bolsa
No pueden las palabras.
 
Me basta con saber que no estoy solo
Que hay otros descifrando el laberinto
Y que somos la voz
De un único deseo.
 
ROVIRA, Gabriel. Discurso del asombro. UABCS-Praxis, La Paz, B.C.S., 2001.
 

discurso II

Discurso II
Acaso algún rumor de multitudes
Que pasean lo mismo
Tumbas, fiestas, libreros…
Una historia en la historia.
Acaso el resplandor
De la guerra interior
Que adivino a lo lejos
O la imagen legada del discurso
De ocultas proteínas
Pero en definitiva
Yo no soy lo que quiero
Yo no soy lo que temo
El vino, el pan, la piedra, la columna…
Soy acaso el relato que me cuento.
 
ROVIRA, Gabriel. Discurso del asombro. UABCS-Praxis, La Paz, B.C.S., 2001.

Discurso III

Discurso III

 

El uno con el dos, uno los puntos

Con rayos que dibujan una rosa

Y el que puso los puntos no pensaba

El nombre del que ahora los esboza

 

Todo poema es una partitura

Que arregla los conceptos y emociones

Dependen del saber de quien los toca

Y el modo de tañer los corazones

 

Pero así como el negro pentagrama

No es música sin alguien que lo cante,

Si el aceite de un pecho no se inflama.

 

Pues sólo en el amor de ejecutante

Se funde del poema la amalgama

Del autor, el que escucha y el cantante

 

ROVIRA, Gabriel. Discurso del asombro. UABCS-Praxis, La Paz, B.C.S., 2001.

Discurso IV

Discurso IV

Acaso el diamante

Se asombra de su brillo…

Somos humanos

Miramos y aprendemos

Y tenemos la palabra

Y el fuego y el libro

Y el otro que me escucha

Y en esa dura piedra

Alzamos el castillo

Y cocimos las reliquias

Para romperlas luego

Acaso se asombra

La rosa de su aroma…

 

 

ROVIRA, Gabriel. Discurso del asombro. UABCS-Praxis, La Paz, B.C.S., 2001.

Discurso V

Discurso V
Sigue mi camino equivocado
Porque soy la penumbra
Y la incertidumbre de la vida
Y el que me sigue
Seguramente se equivoca
Pero no se engaña
Pues si yo juzgo
Mi juicio es dudoso
Y el que me niega
Me ve en su corazón
Con espanto
Y quiere volver a su jaula.
Soy el hijo del silencio
No conozco a mi padre
Y no voy a inventarlo.
 
ROVIRA, Gabriel. Discurso del asombro. UABCS-Praxis, La Paz, B.C.S., 2001.