Ayer fui con la Caro a ver a Carlos Fuentes en la presentación de su libro Obras Reunidas que publica el FCE.
El evento fue en el 5º piso del Círculo de Bellas Artes, en mi calle favorita de Madrid: Alcalá.
De entrada me extañó no ver una multitud haciendo cola para entrar…
Había mucha gente de México , pero sobre todo muchos periodistas, la verdad es que fue algo decepcionante ver que aunque la pequeña sala Valle Inclán estaba llena, la espectativa causada por el gran escritor no fue tanta como yo hubiera esperado. Al grado de que llegue diez minutos tarde y me senté en las filas de en medio. Debí suponerlo, hace meses que sospecho que en España no tienen tanto interés como dicen por la cultura mexicana, al menos me consta que los libros que venden aquí en las librerías no son los mismos que allá y que mis compañeros el doctorado no han leído a Carlos Fuentes, o no tanto como se merece. Pero claro, si en los mejores años de la literatura mexicana la obra de Fuentes estuvo prohibida por la censura de Franco… aunque, bueno, a todos los facistas, panistas o franquistas siempre les ha dado por molestarse con Aura y otras novelas de Fuentes, les resulta molesto y peligroso, pero en fin hace treinta años que murió el caudillo, ya era hora para voltearan para la otra orilla…
Primero habló la historiadora Carmen Iglesias, miembro de la academia, un argumenteo en sí misma sobre porqué la crítica y la autobiografía no se deben mezclar, aunque debo reconocer que representa a un sector importane de la resistencia cutural de los años 60, es decir, los que sí leían a Fuentes; luego el gran crítico peruano Julio Ortega, catedrático de la Universidad de Brown y coordinador general de la edición de las ‘Obras reunidas’, nos ofreció un discurso que, al menos fue más honesto y apasionado.
Lo mejor fue escuchar al propio Fuentes explicar y leer algunos fragmentos de Los años con Laura Diaz y La muerte de Artemio Cruz, eso fue realmente una experiencia genial, no la describo porque no puedo, pero le diré que la pasión de Fuentes al leer sus textos, la forma como disfruta cada palabra les da una dimensión distinta. Dan ganas de regresar a ellos, porque se nos figura que en realidad no los hemos leido como se merecen. Se antoja tardardse tres años leyendo La muerte de artemio Cruz, para saborear cada palabra, asi como se leen los libros de poemas, no las novelas.
Y eso no fue todo, despues de los aplausos nos invitaron un ambigú como de boda fresa(pija), con muchas botanas (tapas) muy exóticas y finas y varios tipos de vinos y licores servidos por meseros muy amables. Por supuesto aprovechamos para hacer la cena mientras nos ibamos acercando a donde estaba Fuentes. Ya que estabamos allí se me ocurrio lo de tomarnos una foto con el celular pero, salio muy borrosa, es una lástima, de todos modos la incluyo, proque no tengo otra. Que esto me enseñe a cargar siempre la cámara…