¡Qué cambiado estás!…

 

 

Me persigue un sueño ajeno, una pesadilla contada por Borges en una de las Siete noches:

Me encontraba con un amigo, un amigo que ignoro: lo veía y estaba
muy cambiado. Muy cambiado y muy triste. Su rostro estaba cruzado por la
pesadumbre, por la enfermedad, quizás por la culpa. Tenía la mano derecha
dentro del saco.
No podía verle la mano que ocultaba el lado del corazón.
Entonces lo abracé, sentí que necesitaba que lo ayudara: “Pero mi
pobre amigo”, le dije, “¿Qué te ha pasado? ¡Qué cambiado estás!”.
Me respondió: “Sí, estoy muy cambiado”.
Lentamente fue sacando la mano. Pude ver que era la garra de un pájaro.

 

Y duele…

porque hay manos que ya jamás estrecharé…

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