Sol impune
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
— Gracilazo, Égloga I
Impunemente el sol, sin más, salía
Otra vez por oriente esa mañana
Y un aroma de flor y hoja temprana
Lascivo y sin pudor se difundía
Y el cínico rubor de la persiana
Y las aves gritando su alegría…
¿Cómo se atreve a amanecer el día?
¿Cómo el sol a brillar en mi ventana?
No quebranta su costra alguna roca
Ni hay árbol que se incline a ver mi herida
Ni bestia que mi llanto vuelva loca.
Solo he de soportar toda la vida
El duelo que tu falta me provoca
Yo solo y sin el mundo que me olvida
ROVIRA, Gabriel. Discurso del asombro. UABCS-Praxis, La Paz, B.C.S., 2001.