Discurso III
El uno con el dos, uno los puntos
Con rayos que dibujan una rosa
Y el que puso los puntos no pensaba
El nombre del que ahora los esboza
Todo poema es una partitura
Que arregla los conceptos y emociones
Dependen del saber de quien los toca
Y el modo de tañer los corazones
Pero así como el negro pentagrama
No es música sin alguien que lo cante,
Si el aceite de un pecho no se inflama.
Pues sólo en el amor de ejecutante
Se funde del poema la amalgama
Del autor, el que escucha y el cantante